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lunes, 28 de abril de 2014

Sólo por hoy..

SÓLO POR HOY:

1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.

2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mi mismo.

3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también.

4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.

8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré.   Y me guardaré de dos calamidades: 
la prisa y la indecisión.

9. Sólo por hoy creeré firmemente, aunque las circunstancias demuestren lo contrario, que la buena providencia de Dios se ocupa de mi como si nadie existiera en el mundo.

10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.


                                                                      San Juan XXIII        

lunes, 21 de abril de 2014

No llores si me amas



                                                                                               ¡SI PUDIERAS VER 
                               DESARROLLARSE ANTE TUS OJOS;
                                                         LOS HORIZONTES, LOS CAMPOS 
                                                         Y LOS NUEVOS SENDEROS QUE ATRAVIESO!

                             ¡SI POR UN INSTANTE 
                                                                PUDIERAS CONTEMPLAR COMO YO,
                              LA BELLEZA ANTE LA CUAL LAS BELLEZAS PALIDECEN!

                              NO LLORES SI ME AMAS,
                              SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS Y LO QUE ES EL CIELO
                             ¡SI PUDIERAS OÍR EL CÁNTICO DE LOS ÁNGELES
                                                                         Y VERME EN MEDIO DE ELLOS!

                            CUANDO LA MUERTE VENGA A ROMPER LAS LIGADURAS
                            COMO HA ROTO LAS QUE A MI ME ENCADENABAN,
                            CUANDO LLEGUE EL DÍA QUE DIOS HA FIJADO Y CONOCE,
                            Y TU ALMA VENGA A ESTE CIELO
                                                                        EN QUE TE HA PRECEDIDO LA MÍA,
                            ESE DÍA VOLVERÁS A VERME,
                            SENTIRÁS QUE TE SIGO AMANDO,
                            QUE TE AMÉ... Y ENCONTRARÁS MI CORAZÓN
                                                        CON TODAS SUS TERNURAS PURIFICADAS.

                            VOLVERÁS A VERME, YA NO ESPERANDO LA MUERTE,
                                                              SINO AVANZANDO CONTIGO,
                                                              QUE TE LLEVARÉ DE LA MANO
                            POR SENDEROS NUEVOS DE LUZ...  Y DE VIDA...
                           ¡ENJUGA TU LLANTO Y NO LLORES SI ME AMAS!

                                                                                                                 San Agustín

domingo, 13 de abril de 2014

Hosanna al que viene..

                                          A Cristo, el Señor
  ¿Quién es este que viene, recién atardecido,
   cubierto por su sangre
   como varón que pisa los racimos?

¿Quién es este que vuelve, glorioso y malherido,
   y, a precio de su muerte, 
   compra la paz y libra a los cautivos?

Se durmió con los muertos, 
y reina entre los vivos;
no le venció la fosa, 
porque el Señor sostuvo a su elegido.

Anunciad a los pueblos que habéis visto y oído;
aclamad al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos.
                                                               Amén.

  Oficio de lectura, Domingo de Ramos

domingo, 6 de abril de 2014

Busco a Dios


            

BUSCO A DIOS....


Un joven inquieto se presentó a un sacerdote y le dijo: "Busco a Dios"

El reverendo le echó un sermón que el joven escuchó con paciencia. Acabado el sermón, el joven marchó triste en busca del obispo.

"Busco a Dios", le dijo llorando al obispo.

Monseñor le leyó una pastoral que acababa de publicar en el boletín de la diócesis y el joven oyó la pastoral con gran cortesía, pero al acabar la lectura se fue angustiado al papa a pedirle:

"Busco a Dios".

Su santidad se dispuso a resumirle su última encíclica, pero el joven rompió en sollozos sin poder contener la angustia.

"¿Por qué lloras?", le preguntó el papa totalmente desconcertado.

"Busco a Dios y me dan palabras" dijo el joven apenas pudo recuperarse.

AQUELLA  NOCHE,   EL SACERDOTE,   EL OBISPO  Y   EL  PAPA  TUVIERON  UN MISMO SUEÑO.  SOÑARON QUE MORÍAN DE SED Y QUE ALGUIEN TRATABA DE ALIVIARLES CON UN LARGO DISCURSO SOBRE EL AGUA.

(ESTA REFLEXIÓN NO ES UNA CRÍTICA A LA IGLESIA SINO SIMPLEMENTE A LA ACTITUD QUE TENEMOS
 MUCHOS CRISTIANOS.  LA IGLESIA SOMOS TODOS NOSOTROS)

jueves, 13 de marzo de 2014

DIOS es Nuestro Padre

¿CÓMO DIRÍA DIOS EL PADRE NUESTRO? 

Hijo mío, que estás en la Tierra, preocupado, confundido, desorientado, solitario y angustiado.
 Yo conozco perfectamente tu nombre, y lo pronuncio
    bendiciéndolo, porque Te Amo.

Juntos construiremos Mi Reino, del que tú vas a ser mi heredero, y en eso no estarás solo porque Yo habito en ti.

Deseo que siempre hagas Mi Voluntad, porque Mi Voluntad  es que tú seas Feliz.

Tendrás el pan para hoy.  No te preocupes, sólo te pido que siempre lo compartas con tu prójimo, con tus hermanos.

Siempre perdono tus ofensas, antes incluso de que las  cometas, pues sé que las cometerás. Solo te pido que, de igual manera, perdones Tú a los que te ofenden.

Deseo que NUNCA caigas en la tentación. Y toma fuerte mi Mano, aférrate siempre a , y Yo te liberaré del mal.

Nunca olvides que TE AMO desde el comienzo de tus días, y que  
TE AMARÉ hasta el fin de ellos..
                              ¡PORQUE SOY TU PADRE!

Que Mi Bendición quede contigo, 
   y que Mi Paz y Amor eternos te cubran siempre. 
Sólo de podrás obtenerlos,
y sólo Yo puedo darlos, porque:

                                ¡YO SOY EL AMOR y LA PAZ!

jueves, 6 de febrero de 2014

MÁXIMO MOTIVO: LA CRUZ



LA ÚNICA GLORIA ES LA CRUZ:   EN EL GOZO Y EN LA PERSECUCIÓN


Cualquier acción de Cristo es motivo de gloria para la Iglesia universal;  pero el máximo motivo de gloria es la cruz.        

Así lo expresa con acierto Pablo, que tan bien sabía de ello: 
En cuanto a mí, líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de Cristo.



Fue ciertamente digno de admiración el hecho de que el ciego de nacimiento recobrara la vista en Siloé; pero, ¿en qué benefició esto a todos los ciegos del mundo?

Fue algo grande y preternatural la resurrección de Lázaro, cuatro días después de muerto;
pero este beneficio le afectó a él únicamente, pues, ¿en qué benefició a los que en todo el mundo estaban muertos por el pecado?

Fue cosa admirable el que cinco panes, como una fuente inextinguible, bastaran para alimentar a cinco mil hombres; pero, ¿en qué benefició a los que en todo el mundo se hallaban atormentados por el hambre de la ignorancia?

Fue maravilloso el hecho de que fuera liberada aquella mujer a la que el maligno tenía ligada por la enfermedad desde hacía dieciocho años; pero, ¿de qué nos sirvió a nosotros, que estábamos ligados por las cadenas de nuestros pecados?


En cambio, el triunfo de la cruz iluminó a todos los que padecían la ceguera del pecado, nos liberó a todos de las ataduras del pecado, redimió a todos los hombres.

Por consiguiente, no hemos de avergonzarnos de la cruz del Salvador, sino más bien gloriarnos de ella

Porque el mensaje de la cruz es escándalo para los judíos, necedad para los griegos, mas para nosotros es salvación. Para los que están en vías de perdición es necedad, mas para nosotros, que estamos en vías de salvación, es fuerza de Dios.


Porque el que moría por nosotros no era un hombre cualquiera, sino el Hijo de Dios, Dios hecho hombre. 
En otro tiempo, aquel cordero sacrificado por orden de Moisés alejaba al exterminador;
con mucha más razón el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo nos librará del pecado.

Si la sangre de una oveja irracional fue signo de salvación, ¿cuánto más salvadora no será la Sangre del Unigénito?


Él no perdió la vida coaccionado ni fue muerto a la fuerza, sino voluntariamente. 

Oye lo que dice:    Soy libre para dar mi vida y libre para volverla a tomar. 

Fue, pues, a la pasión por su libre determinación, contento con la gran obra que iba a realizar, 
consciente del triunfo que iba a obtener, gozoso por la salvación de los hombres;
al no rechazar la cruz, daba la salvación al mundo.    El que sufría no era un hombre vil, sino el Dios humanado, 
que luchaba por el premio de su obediencia.

Por lo tanto, que la cruz sea tu gozo no sólo en tiempo de paz; 
también en tiempo de persecución has de tener la misma confianza,
de lo contrario, serías amigo de Jesús en tiempo de paz y enemigo suyo en tiempo de guerra.
Ahora recibes el perdón de tus pecados y las gracias que te otorga la munificencia de tu rey;
cuando sobrevenga la lucha, pelea denodadamente por tu rey.

 Jesús, que en nada había pecado, fue crucificado por ti;  y tú,
  ¿no te crucificarías por Él,que fue clavado en la cruz por amor a ti?

 No eres tú quien le haces un favor a Él, ya que tú has recibido primero;
 lo que haces es devolverle el favor, saldando la deuda que tienes con aquel que por ti
 fue crucificado en el Gólgota. 

  De las Catequesis de San Cirilo de Jerusalén, obispo
  (Catequesis 13, 1. 3. 6. 23: PG 33, 771-774. 779. 799. 802)

martes, 28 de enero de 2014

Ejemplo de todas las virtudes

 EN LA CRUZ HALLAMOS EL EJEMPLO DE TODAS LAS VIRTUDES


¿Era necesario que el Hijo de Dios padeciera por nosotros?
Lo era, ciertamente, y por dos razones fáciles de deducir:
        la una, para remediar nuestros pecados; 
        la otra, para darnos ejemplo de cómo hemos de obrar.

Para remediar nuestros pecados, en efecto, porque en la pasión de Cristo encontramos el remedio contra todos los males que nos sobrevienen a causa del pecado.

En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.

Si buscas un ejemplo de amor:   Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos.
Esto es lo que hizo Cristo en la cruz.    Y por esto, si Él entregó su vida por nosotros,
no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por Él.
  
Si buscas un ejemplo de humildad, mira al crucificado: Él, que era dios, quiso ser juzgado bajo el poder de Poncio Pilato y morir.

Si buscas un ejemplo de obediencia, imita a aquel que se hizo obediente al Padre hasta la muerte:
Como por la desobediencia de un solo hombre −es decir, de Adán− todos los demás quedaron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos quedaron constituidos justos.


Si buscas un ejemplo de desprecio de las cosas terrenales, imita a aquel que siendo Rey, y en el cual están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, se deja colgar desnudo en la cruz, burlado, escupido, flagelado, coronado de espinas, a quien, finalmente, dieron a beber hiel y vinagre.


No te aficiones a los vestidos y riquezas, ya que se reparten mi ropa; ni a los honores, ya que Él experimentó las burlas y azotes; ni a las dignidades, ya que, entretejiendo una corona de espinas, la pusieron sobre mi cabeza; ni a los placeres, ya que para mi sed me dieron vinagre.

                   De las Conferencias de Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia

domingo, 26 de enero de 2014

Como practicar la devoción


De la Introducción a la vida devota, de San Francisco de Sales, obispo

                                                                              (Parte 1, cap. 3)  
 LA DEVOCIÓN SE HA DE EJERCITAR DE DIVERSAS MANERAS

En la misma creación, Dios creador mandó a las plantas que diera cada una fruto según su propia especie: así también mandó a los cristianos, que son como las plantas de su Iglesia viva, que cada uno diera un fruto de devoción conforme a su calidad, estado y vocación.

La devoción, insisto, se ha de ejercitar de diversas maneras, según que se trate de una persona noble o de un obrero, de un criado o de un príncipe, de una viuda o de una joven soltera, o bien de una mujer casada. Más aún: la devoción se ha de practicar de un modo acomodado a las fuerzas, negocios y ocupaciones particulares de cada uno.

Dime, te ruego, mi Filotea, si sería lógico que los obispos quisieran vivir entregados a la soledad,

al modo de los cartujos; que los casados no se preocuparan de aumentar su peculio más que los religiosos capuchinos; que un obrero se pasara el día en la Iglesia, como un religioso;
o que un religioso, por el contrario, estuviera continuamente absorbido, a la manera de un obispo, por todas las circunstancias que atañen a las necesidades del prójimo.

Una tal devoción ¿por si acaso no sería algo ridículo, desordenado e inadmisible?



Y, con todo, esta equivocación absurda es de lo más frecuente.

No ha de ser así;  la devoción, en efecto,  mientras sea auténtica y sincera, nada destruye,

sino que todo lo perfecciona y completa, y, si alguna vez resulta de verdad contraria a la vocación

o estado de alguien, sin duda es porque se trata de una falsa devoción.

La abeja saca miel de las flores sin dañarlas ni destruirlas, dejándolas tan íntegras, incontaminadas y frescas como las ha encontrado.

Lo mismo, y mejor aún, hace la verdadera vocación: ella no destruye ninguna clase de vocación o de ocupaciones, sino que las adorna y embellece.

Del mismo modo que algunas piedras preciosas bañadas en miel se vuelven más fúlgidas y brillantes, sin perder su propio color, así también el que a su propia vocación junta la devoción se hace más agradable a Dios y más perfecto.
Esta devoción hace que sea mucho más apacible el cuidado de una familia,

que el amor mutuo entre marido y mujer sea más sincero,

que la sumisión debida a los gobernantes sea más leal, y que todas las ocupaciones,

de cualquier clase que sean, resulten más llevaderas y hechas con más perfección.

Es, por tanto, un error, por no decir una herejía, el pretender excluir la devoción de los regimientos militares, del taller de los obreros, del palacio de los príncipes, de los hogares y familias;

hay que admitir, amadísima Filotea, que la devoción puramente contemplativa, monástica y religiosa no puede ser ejercida en estos oficios y estados; pero, además de este triple género de devoción, existen también otros muchos y muy acomodados a las diversas situaciones de la vida seglar.



Así pues, en cualquier situación en que nos hallemos, debemos y podemos aspirar a la vida de perfección.

viernes, 8 de marzo de 2013

Limpios de Corazón



Del Libro de San Teófilo, obispo, a Autólico
Libro 1, 2. 7:       DICHOSOS  LOS  LIMPIOS  DE CORAZÓN,  PORQUE  ELLOS  VERÁN  A  DIOS.

Si tú me dices: «Muéstrame a tu Dios», yo te responderé: «Muéstrame primero qué tal sea tu persona», y entonces te mostraré a mi Dios. Muéstrame primero si los ojos de tu mente ven, si los oídos de tu corazón oyen.

Del mismo modo, en efecto, que los que gozan de la visión corporal perciben lo que sucede aquí en la tierra y examinan las cosas opuestas entre sí –como son la luz y las tinieblas, lo blanco y lo negro, lo deforme y lo hermoso, lo proporcionado y lo que no lo es, lo mesurado y lo desmesurado, lo que rebasa sus límites y lo que es incompleto-, y lo mismo podemos decir con respecto a lo que es objeto de audición –los sonidos agudos, graves, agradables-, así también acontece con los oídos del corazón y los ojos de la mente, con respecto a la visión de Dios.

Efectivamente, Dios se deja ver de los que son capaces de verlo, porque tienen abiertos los ojos de la mente, Porque todos tienen ojos, pero algunos los tienen bañados en tinieblas y no pueden ver la luz del sol.

Y no porque los ciegos no la vean deja por eso de brillar la luz solar, sino que ha de atribuirse esta oscuridad a su defecto de visión.

Así tú tienes los ojos entenebrecidos por tus pecados y malas acciones.

El alma del hombre debe ser nítida como un espejo reluciente. Cuando en un espejo hay herrumbre, no puede el hombre contemplar en él su rostro; del mismo modo, cuando hay pecado en el hombre, no puede éste ver a Dios. Pero, si quieres, puedes sanar; confíate al médico y Él punzará los ojos de tu mente y de tu corazón. ¿Quién es este médico? Dios, que por Su Palabra y Sabiduría creó todas las cosas, ya que, como dice el salmo: La Palabra del Señor hizo el cielo; el Aliento de Su boca, sus ejércitos. Eminente es Su Sabiduría. Con ella fundó Dios la tierra; con Su Inteligencia consolidó los cielos, con Su Ciencia brotaron los abismos y las nubes destilaron rocío.

Si eres capaz, oh hombre, de entender todo esto y procuras vivir de un modo puro, santo y piadoso, podrás ver a Dios; pero es condición previa que haya en tu corazón la fe y el temor de Dios, para llegar a entender estas cosas. Cuando te hayas despojado de tu condición mortal y hayas revestido la inmortalidad, entonces estarás en disposición de ver a Dios. Porque Dios resucitará tu cuerpo, haciéndolo inmortal como el alma, y entonces, hecho tú inmortal, podrás contemplar al que es inmortal, si ahora crees en Él.

martes, 5 de marzo de 2013

Oración, ayuno y misericordia



De los Sermones de San Pedro Crisólogo, obispo

Sermón 43:   LO QUE PIDE LA ORACIÓN  LO  ALCANZA EL AYUNO Y  LO  RECIBE  LA  MISERICORDIA.



Tres cosas hay, hermanos, por las que se mantiene la fe, se conserva firme la devoción, persevera la virtud.

Estas tres cosas son la oración, el ayuno y la misericordia.
Lo que pide la oración lo alcanza el ayuno y lo recibe la misericordia.
Oración, misericordia y ayuno: son tres cosas que son una sola, que se vivifican una a otra.

El ayuno es el alma de la oración, la misericordia es lo que da vida al ayuno. Nadie intente separar estas cosas, 
pues son inseparables. El que sólo practica una de ellas, o no las practica simultáneamente, es como si nada hiciese. Por tanto, el que ora que ayune también, el que ayuna que practique asimismo la misericordia.

Quien desea ser escuchado en sus oraciones que escuche él también a quien le pide, pues el que no cierra sus oídos a las peticiones del que le suplica,  abre los de Dios a sus propias peticiones.

El que ayuna que  procure entender  el sentido  del  ayuno:  que se haga sensible al hambre de los demás, 
si quiere que  Dios sea  sensible a la suya;   si espera  alcanzar misericordia,  que  él también la tenga;  
si espera piedad, que él también la practique; si espera obtener favores de Dios, que él también sea dadivoso.
Es un mal solicitante el que espera obtener para sí,  lo que él niega a los demás.

Hombre,  sé  para  ti  mismo  la  medida  de  la  misericordia;  de  este  modo,  alcanzarás  misericordia 
del modo que quieras, en la medida que quieras, con la presteza que quieras; tan sólo es necesario que tú te compadezcas de los demás con la misma presteza y del mismo modo.

Hagamos, por consiguiente, que la oración, la misericordia y el ayuno sean los tres juntos nuestro patrocinio ante Dios, los tres juntos nuestra defensa, los tres juntos nuestra oración bajo tres formas distintas.

Reconquistemos con  nuestro ayuno lo que  perdimos por no saberlo apreciar;  inmolemos  con el  ayuno nuestras almas,  ya que  éste es el mejor sacrificio que podemos  ofrecer a Dios,  como atestigua  el salmo:   
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado Tú no lo desprecias.

Hombre,  ofrece  a  Dios  tu  alma,  ofrécele  el  sacrificio  del  ayuno,  para  que  sea  una  ofrenda  pura, 
un sacrificio santo,  una víctima viva que,  sin salirse de ti mismo,  sea ofrecida a Dios.  
No tiene excusa el que niega esto a Dios, ya que está en manos de cualquiera el ofrecerse a sí mismo.

Mas,  para que esto sea acepto a  Dios,  al ayuno debe acompañar  la misericordia;  el ayuno  no da  fruto 
si no es regado por la misericordia, se seca sin este riego: lo que es la lluvia para la tierra, esto es la misericordia para el ayuno. Por más que cultive su corazón, limpie su carne, arranque sus malas costumbres, siembre las virtudes, si no abre las corrientes de la misericordia, ningún fruto recogerá el que ayuna.

Tú  que ayunas,  sabe que  tu campo,  si  está  en ayunas  de misericordia,  ayuna  él  también; 
en cambio, la liberalidad de tu misericordia redunda en abundancia para tus graneros.   
Mira, por tanto, que no salgas perdiendo,  por querer guardar para ti,  antes procura recolectar a largo plazo;  
al dar al pobre das a ti mismo, y lo que no dejas para los demás no lo disfrutarás tú luego.